viernes, 28 de marzo de 2014

DEFINICION DE LA FELICIDAD


DEFINICIÓN DE LA FELICIDAD

La felicidad no es otra cosa que la satisfacción de conquistar un sueño, vencer un obstáculo, resolver un problema, superar una adversidad, comprender un enigma, aprender cosas nuevas, aceptar tus diferencias con los demás, valorar la nobleza, perdonar la simpleza, admirar la belleza… y extasiarse con las maravillas del universo.
La paz es el consuelo supremo de los luchan por cada una de esas cosas.

miércoles, 26 de marzo de 2014

EL HOMBRE Y SU EXISTENCIA


EL HOMBRE Y SU EXISTENCIA

Si Dios existe seguramente se pregunta todavía de dónde diablos salió él. Sin embargo, para el ser humano, remitir la existencia del universo y de la vida a la creación de un Dios, lejos de ser una respuesta para nuestro inquieto espíritu sediento de entendimiento y explicaciones,  sólo nos traslada el problema al origen de Dios y de su naturaleza. Y en este campo, como no es posible diseñar experimentos medibles, repetibles y comprobables, nos condenamos inexorablemente a la ignorancia absoluta.  La humanidad ya tuvo más de mil años de oscurantismo por esa actitud.

Una expresión muy usada por los religiosos debido a su apariencia axiomática es “Tanta maravilla de la naturaleza no puede ser producto de la casualidad, tiene que haber una inteligencia detrás”. Pero si las maravillas que vemos fueron creadas, su creador tiene que ser una maravilla todavía mayor (infinitamente mayor), entonces ¿Cómo pretender que si una maravilla menor tuvo que ser creada, una maravilla infinitamente mayor no necesite creador? Lo mismo ocurre con cualquier otra explicación que nos remita a voluntades o seres superiores. No puede menos que hacernos sonreír la pretensión de explicar el origen de la humanidad como alta genética extraterrestre;  se parece a la afirmación de una anciana beata que decía que la tierra está sostenida por una tortuga, y cuando le preguntaban sobre qué se sostenía la tortuga respondía que obviamente sobre otra tortuga.

Pero el problema de Dios no es, hace mucho tiempo, más que una cuestión de edad, pues todos crecemos y nos educamos con la omnipresente idea de Dios rigiendo nuestros destinos, vigilante y amenazador (aunque al mismo tiempo se nos dice que nos cuida y nos protege). Así, cuando superamos la adolescencia y nos enteramos que existen inamovibles leyes que rigen el universo, la idea de un Dios que mueve todo a su voluntad tiene que desaparecer, aunque no necesariamente la idea de un Dios en general. Al final terminamos constatando con Einstein que Dios no juega a los dados, es decir que todo tiene una causa y un efecto.

Es una gran paradoja que todo tiene una relación de causa y efecto pero en el origen de todo sólo existe el azar. Pero la mayor paradoja de todas, al mismo tiempo maravillosa y horrible, es que la vida evoluciona al mismo tiempo que el universo envejece. Y si consideramos que todo fenómeno es transitorio, es decir que el universo mismo es simplemente un fenómeno transitorio, es evidente que la existencia de vida en él es un fenómeno infinitamente más transitorio.

Sólo una mente tan brillante como la de Descartes vislumbró, mucho antes de conocerse todo lo que hoy se conoce, que el universo es un devenir de fenómenos que nos llevan a dudar de todo, y había que dudar incluso de la propia existencia. Es decir necesitamos encontrar una prueba de que realmente existimos y Descartes nos la mostró: nuestra conciencia. La prueba de que existimos es que pensamos y somos conscientes de ello. Pero esta constatación implica que no somos un cuerpo material. Nosotros poseemos un cuerpo, nuestro cuerpo, pero no somos ese cuerpo. Precisamente esta es una idea común en casi todas las religiones, excepto en unas pocas como los testigos de jehová, pues todas hacen referencia a un espíritu o ente inmaterial como nuestro verdadero ser.

Aunque en el origen de todas las religiones subyace nuestra infinita nostalgia por la eternidad o, lo que es lo mismo, el escondido rechazo a nuestra intrascendencia, Descartes fue más allá de simples dogmas y creyó ver la prueba de la existencia de Dios en la constatación de que nuestro verdadero ser es más que sólo nuestro cuerpo. Sin embargo sólo se trata de una prueba mayor de lo ilusorio de nuestra existencia.

Todo lo expuesto nos muestra lo absurdo de toda existencia, incluso de la existencia humana y por ende de todo individuo. Lo absurdo del individuo fue expuesto, y yo creo que además ampliamente resuelto, por Albert Camus en su ensayo “El Mito de Sísifo”. El elemento nuevo  en este artículo es lo ilusorio de la existencia humana.

Para Albert Einstein, quizá la mente más brillante de todos los tiempos, capaz de adelantarse a los resultados de los últimos cien años de experimentos (aunque queda pendiente la mecánica cuántica), no se debe separar el cuerpo del alma, el cuerpo y el alma son una sola cosa. Esto se contrapone  frontalmente a la percepción de que no somos este cuerpo, y es algo que también constatamos a diario cuando nos definimos como jóvenes o viejos en función de la edad de nuestro cuerpo (de nuestra edad).

Intentaré mostrar una respuesta a esta contradicción en un próximo artículo.

martes, 25 de marzo de 2014

Presentación

Escribir es una necesidad que nace cuando las cosas que nos conmueven rebasan los conceptos comunes cuestionándolos y exigiendo otros nuevos. En ese caso no sería posible comunicarlo o discutirlo plenamente en una conversación verbal con otra persona, puesto que presenta contradicciones con nosotros mismos que surgen permanentemente y que exigen ser resueltas también permanentemente, lo cual se convierte precisamente en motivo de esa necesidad. Es por tanto una conversación que sólo podemos tenerla con nosotros mismos y que nos exige máxima desinhibición y honradez.

En este blog voy a publicar pues ese tipo de conversaciones. Algunas en forma de pequeños artículos (que espero sean embriones o partes de algún ensayo futuro), y otros en formas más elaboradas, como cuentos y poemas.

Agradeceré cualquier comentario o discusión.

Erle Rosas