jueves, 26 de marzo de 2015

LA LIBERTAD DEBE SER CONQUISTADA

Después de muchas de dudas y de muchos esfuerzos por superarlas, he tenido que quedarme todavía con muchas de ellas. Pero debía terminar este capítulo, así que redacté lo mejor que pude esta percepción de la libertad. Espero contribuya en algo al objetivo de una sociedad mejor.


LA LIBERTAD DEBE SER CONQUISTADA

Hasta aquí hemos arribado a dos conclusiones principales: 1) los seres humanos somos esencialmente nuestro cuerpo físico pero nuestra conciencia puede determinarnos y 2) el error de toda filosofía de la existencia es abstraer al individuo de la sociedad, siendo éste parte inseparable de ella. Estas dos conclusiones nos llevan, en estricta lógica, a otras muchas, una de las más importantes se refiere a la libertad.

El problema de la libertad es fundamental porque determina nuestra responsabilidad. Si somos completamente libres entonces somos completamente responsables de todos nuestros actos. Su importancia radica en que puede mostrarnos hasta dónde podemos condenar y hasta dónde debemos socorrer a nuestros semejantes.
Dice Baruch Spinoza (que en mi opinión es quien más se acerca a la realidad en este aspecto)  “el hombre está determinado por leyes universales que lo condicionan mediante la ley de la preservación de la vida. Ser libre es regirse por la razón frente a la sumisión”.  Por otra parte, Spinoza también afirma que la actividad más importante que un ser humano puede lograr es aprender para entender, porque entender es ser libre. Expongo estas citas de Spinoza porque considero que abarca dos aspectos fundamentales (La razón y el entendimiento) que nos permiten conquistar la libertad en su mayor amplitud.

Anteriormente ya hemos afirmado que la libertad se debe conquistar y que sus principales determinantes son nuestra naturaleza y la sociedad. Recapitulando lo dicho: la libertad tiene que ver con nuestra naturaleza como seres humanos y con lo determinado por nuestra herencia genética, es decir con nuestras características individuales, por una parte, y con lo determinado por nuestra herencia cultural, es decir por la sociedad, por otra. Todos nacemos con las mismas necesidades primarias (nuestra naturaleza humana) y estamos condicionados por la moral y las leyes de cada tiempo y lugar (nuestra herencia cultural) pero con distintas maneras de enfrentar las mismas situaciones (es nuestra herencia genética).
Pero trasversalmente a esos tres aspectos, la libertad está determinada por la capacidad material de la sociedad para satisfacer las necesidades naturales de sus miembros y las que ella misma genera en ellos para acceder a una vida con ciertos estándares de bienestar, estándares que cambian con cada tiempo y lugar.

Entendiendo que en la realidad todo está íntimamente interrelacionado y que su separación en partes sólo es una abstracción con fines prácticos, los aspectos desagregados de las tres determinantes de la libertad son:
Determinante 1. La naturaleza humana

a)      Los instintos que nos permiten sobrevivir y reproducirnos
b)      Nuestra condición gregaria

Determinante 2. Nuestra herencia genética
a)      Nuestras características físicas
b)      Nuestras características emotivas
Determinante 3. La sociedad

c)       La moral y las leyes.
d)      El desarrollo del conocimiento o la conciencia de la realidad
e)      La capacidad de la sociedad para satisfacer las necesidades naturales y sociales
Desde los albores de la humanidad los instintos que nos permiten sobrevivir y reproducirnos son los primeros condicionantes de nuestra libertad. No puedo decidir tener hambre o no, o tener libido o no. En este ámbito la libertad comienza cuando estos instintos están satisfechos. Entonces podemos decidir qué hacer con el tiempo que nos quede libre. Por otro lado, nacemos como parte de un grupo, sea pequeño o grande. Todo lo que hagamos estará en función de nuestras relaciones de grupo. Nuestra libertad está determinada por la organización del grupo.

Es evidente que nuestras características físicas limitan nuestras aspiraciones en algunos campos, como los deportes, aunque estos campos son cada vez menores. Sin embargo, nuestras características emotivas nos determinan en mucha mayor medida, pero de forma mucho menos evidente. Muchas personas reaccionarán de formas muy diferentes y hasta opuestas ante las mismas situaciones. La diversidad de los seres humanos hace que lo que para unos es una necesidad para otros es una molestia. Lo sensato es no exigir ni esperar lo mismo de todos. Ejemplos sobran. Sobre gustos no hay disgustos. Es nuestra herencia genética. Aquí aplica el adagio “Tu libertad termina donde comienzan mis derechos”.
La moral y las leyes nos determinan en sumo grado. Pero para empezar debo destacar que parto de la constatación de que la moral ha evolucionado y evoluciona hacia el bien común, en tanto el desarrollo de las fuerzas productivas permite una mayor satisfacción de las necesidades y el conocimiento científico nos da mayores luces. No desmerezco las consideraciones de Nietzsche en su “Genealogía de la Moral” ni niego que la moral dominante refleja los intereses de los sectores dominantes de la sociedad, como tampoco niego que la moral y las leyes han servido y servirán tanto para frenar nuestro desarrollo como para impulsarlo; pero sostengo que en su evolución y universalización la moral se acerca cada vez en mayor grado al interés del bien común, los intereses comunes, como la justicia, la paz, la libertad, la solidaridad, la fraternidad, la igualdad de derechos y oportunidades, el altruismo,  y otros muchos valores  que la humanidad ha desarrollado en función del bien común.  El grado en que nos determinan la moral y las leyes se hace más evidente cuando comparamos distintas épocas y distintos lugares. Para los vikingos era perfectamente aceptable matar para apropiarse de los bienes ajenos. Se cuenta de un rey vikingo que habiendo encontrado una casa sin su dueño, tomó varias cosas y se las llevó, pero a poco de alejarse sintió vergüenza por haberse comportado como un vulgar ladrón, y regresando a la casa, esperó a su dueño y le dio muerte; solo así pudo irse tranquilo. Pero la moral y las leyes de una sociedad frecuentemente se enfrentan a una moral distinta en distintos grupos de personas y hasta en distintas personas. En algunos aspectos cada uno tiene su propia moral. Existen la moral del criminal, la moral del oportunista, la moral del virtuoso, etc. Es importante recordar que existen ciudades donde se devuelven los objetos perdidos y ciudades donde nos pueden quitar la vida por quitarnos esos mismos objetos. Esto demuestra que la sociedad es responsable de la delincuencia tanto o más que los propios delincuentes. La miseria y la ostentación están en la génesis del ladrón y el bribón.

El desarrollo del conocimiento y la conciencia de la realidad son sin duda la base de la libertad. El desarrollo del conocimiento es algo que se percibe y se comprende con total claridad.  Nos permite el dominio de la naturaleza a través del desarrollo de tecnologías. Nos permite vencer y erradicar enfermedades y plagas o fabricar instrumentos y objetos maravillosos aplicando procesos que podemos repetir y mejorar. La conciencia de la realidad es igualmente importante pero mucho más sutil. Nos permite del desarrollo de la moral y las leyes. Como ejemplo podemos mencionar la prohibición de las drogas.  Estas leyes y preceptos morales asumen que las drogas son malas y el narcotraficante es el culpable de su consumo. Sin embargo su prohibición incrementa su consumo y genera males inconmensurablemente mayores al que pretende evitar. Las drogas son peligrosas y su consumo y fabricación requieren extremados controles y mucha información, pero el prohibirlas origina todo lo contrario; se fabrican si ningún control y se origina un negocio cuyas exorbitantes ganancias inducen a los hombres a toda clase de crímenes; las muertes por intoxicación son muy pocas compradas con las muertes por narcotráfico, y para agravar la cosa las intoxicaciones son mayormente debidas a la adulteración de las drogas. Otro ejemplo es la obligación de usar cinturones de seguridad cuando se conduce bajo pena de multas y otras sanciones; es vano obligarnos a cuidar de nosotros mismos mientras conducimos, cuando somos libres de tomar toda clase de riesgos en deportes extremos; basta con que los fabricantes de carros tengan la obligación de incluir cinturones de seguridad para que el conductor pueda hacer uso de ellos cuando lo considere pertinente; no podemos prohibir el suicidio con pena de muerte. La conciencia de la realidad es el proceso más complejo y difícil para la conquista de la libertad, puesto que requiere que esa conciencia sea colectiva.

Finalmente está la capacidad que tiene una sociedad para satisfacer las complejas necesidades de sus miembros. Pero su relación con la libertad es menos evidente. Sin embargo podemos afirmar que hay cosas que todos hacemos simplemente por necesidad, y no las haríamos si tuviéramos la libertad de no hacerlas. Nuestras necesidades determinan y limitan la libertad, y es únicamente la sociedad la que puede satisfacerlas. Imaginemos una sociedad tan bien organizada que tenga cabida y remuneración para todas las vocaciones, gustos y capacidades. Sería la sociedad de la libertad.
Lo que pretendo demostrar con estas pequeñas consideraciones, es que al no ser completamente libres no podemos ser completamente culpables. Es necesario aislar al criminal como protección a la sociedad y es necesario castigarlo como testimonio de su desavenencia con ella. Pero eso no debe eximirnos de nuestro deber de socorrerlo, de nuestro esfuerzo por redimirlo.